La mayor parte de lo que nos perturba no es lo que sucede.
Es la historia que le atribuimos.
Las interpretaciones.
Las suposiciones.
Las conversaciones que reproducimos en nuestras cabezas.
La calidad de tu vida depende menos de los acontecimientos
y más sobre la calidad de tu pensamiento sobre ellos.
Aprender a dirigir tus pensamientos es una práctica.
No supresión.
No fingir que las emociones no existen.
Se trata de notarlos sin dejarles tomar el control.
Puedes perder circunstancias.
Puedes perder la comodidad.
Puedes perder cosas que creías seguras.
Pero si todavía tienes la capacidad de guiar tu mente,
No estás derrotado.
Cuando tu energía se consume en aquello que no puedes controlar,
La reactividad toma el control.
Miedo.
Enojo.
Viejos recuerdos que ya no te sirven.
El pasado está fuera de nuestro alcance.
Las decisiones de otras personas están fuera del alcance.
Los resultados a menudo están fuera de nuestro alcance.
Tu mente no es.
Aprendes a observar el miedo sin congelarte.
Sentir ira sin actuar en consecuencia.
Hacer una pausa antes de reaccionar.
No sucede una vez.
Es diario.
Tranquilo.
Constante.
La fuerza se construye en esa quietud.
Y la libertad comienza allí.
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